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18 octubre 2006

Fuera de stock

El tapón de un pintalabios que quería ser pintalabios, y que además quedó fuera de Stock. Soñaba con lucirse en los estantes de alguna tienda especializada, todo lo que el metraquilato transparente deja lucir como algo propio. Pero ni siquiera llegó a un centro comercial de cinturón urbano. Se aprendió de memoria lo que ponía en su caja. La vio en otra cinta trasportadora. Se aprendió los procesos, el camino recorrido, todas y cada una de las placas de las máquinas que participaron en el proceso y que ella, un tapón de metraquilato transparente sin color, desdeñaba. Memorizó las conversaciones de aquellas mujeres que de tanto en cuanto robaban algún pintalabios. Ella las veía, y no quería que la cogieran. Y nunca la llegaron a coger, ni siquiera cuando no iban con esa bata de color azul micolor del payaso perdedor.
Cayó por detras de una estantería, y se quedó allí, tumbada. Entonces llegó a la conclusión, tubo la certeza, de que jamás acabaría mezaclada con el lubricante de un preservativo.
Era un transparente tapón de metraquilato.
O en un pendiente.
O en el cuello de una camisa.
O como el color principal de algún plano de una peli oriental.
Estó se lo contó el pintalabios. Y el pintalabios lo sabía por que otros pintalabios de reciclaje le habían contado qué le esperaba ahí fuera.
También hablaban de mejillas de niños.
Y de lenguas de perro.
También estaba el que hablaba de sangre.
Pero, aún y así, no dejaba de desdeñar al pintalabios.

Dedicated to my teacher of ESTRUCTURAS DE LA COMUNICACION I